Buenos tardes #galletollowers.
Esta noche, en mi pueblo, Los Palacios y Villafranca, debería de ser la Noche del "Pescaíto" o la Noche del "Alumbrao". Esta semana debería de haber sido una semana festiva con la celebración del Centenario de la Feria de Los Palacios y Villafranca.
Así que en honor a esta celebración vamos a preparar unas Almendras Garrapiñadas, tan típicas en las fiestas populares, al menos por aquí, en Andalucía.
Os dejo con esta sencilla receta de Almendras Garrapiñadas, aunque eso sí, cuando la hagamos, tenemos que ser conscientes de que necesitamos de bastante tiempo para elaborarlas. En el apartado de Consejos, os doy una forma más rápida de hacerlas pero el resultado no será igual.
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| Almendras Garrapiñadas |
Ingredientes:
250 g de almendras
250 g de azúcar
1 vaso de agua
El zumo de un limón
250 g de azúcar
1 vaso de agua
El zumo de un limón
Preparación:
Ponemos en una cazuela el agua con un chorrito de limón y el azúcar, dejamos que hierva 6 minutos.
A continuación, incorporamos las almendras y las cocemos sin parar de remover con una cuchara de madera a fuego muy lento. El azúcar irá tostándose poco a poco, hasta que se cristalice sobre las almendras.
Disponemos las almendras extendidas sobre un trozo de papel para hornear hasta que se enfríen.
Consejos:
Una manera de acelerar el proceso del garrapiñado es elaborar un caramelo con poca cantidad de agua. Cuando vea que el caramelo comienza a oscurecerse muy levemente, añadimos los frutos secos y, entonces, removemos con energía. Este proceso no debe durar más de 2 minutos. La textura es un tanto diferente, pero resulta igual de ricas y su elaboración es menos trabajosa.
¿Por qué no añadir especias al azúcar? No solo aquellas más dulzonas, como el anís, el clavo y la canela, sino otras con toques picantes, como las distintas variedades de pimienta, el comino e, incluso, el curry.
Hay que distinguir dos tipos de almendras. La amarga, que no es comestible, y la dulce, de la cual hay varios tipos. Las de cáscara blanda o californianas son menos apreciadas, y las de cáscara dura, como las Marconas, por ejemplo, son mucho más estimadas, por su alto contenido en grasa, que las hace más sabrosas.
Cuando estén fríos, los podemos conservar en tarros de cristal con cierre hermético.

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